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Pregunta: "¿Es el abuso una razón aceptable para el divorcio?"

Respuesta:
Aunque parece obvio que el abuso debe ser una razón aceptable para el divorcio, la Biblia da sólo dos razones en que se permite el divorcio: la primera es en el caso de abandono de un cristiano por un cónyuge no creyente (1 Corintios 7:15), y la segunda es que si un cónyuge está involucrado en un estilo de vida de infidelidad sexual (Mateo 5:32). Aunque Dios lo permite en estas circunstancias, nunca ha sido un endosante del divorcio. Debe suponerse que dos cristianos creyentes de la Biblia no estarán de acuerdo mutuamente para divorciarse, pero deben practicar el perdón y el amor que Dios nos da libremente. "Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio [el divorcio]…" (Malaquías 2:16).

La Biblia guarda silencio sobre el tema del abuso conyugal como una razón para el divorcio, aunque es obvio que Dios desprecia el maltrato de mujeres por sus esposos (Colosenses 3:19; 1 Pedro 3:7; Efesios 5:25-33). El abuso no debe tolerarse por cualquier persona. Nadie debería tener que vivir en un ambiente abusivo, si se trata de un miembro de la familia, amigo, empresario, cuidador o desconocido. El abuso físico es contra la ley, y las autoridades deben ser los primeros contactados si esto ocurre.

La mejor manera de evitar sentirse atrapado en un matrimonio abusivo es conocer una pareja potencial antes de hacer el compromiso de casarse. Las señales de ser un abusador se manifiestan en su personalidad. Estas "banderas rojas" siempre están ahí, pero son a menudo pasadas por alto o incluso ignoradas cuando la atracción y el enamoramiento toman control. Estos signos pueden incluir los celos irracionales, la necesidad de estar en control, el tener mal genio, crueldad hacia los animales, intentos de aislar a la persona de sus amigos y familiares, abuso de alcohol o drogas y la falta de respeto a los límites, privacidad, espacio personal o valores morales de su compañero.

Una mujer que está siendo maltratada debe sacarse a sí misma y a sus hijos inmediatamente de la situación y encontrar un nuevo hogar temporal. No hay nada en la Biblia para indicar que la separación (no divorcio) en este caso sería un error. Aunque familiares y amigos le dirán a la mujer que solicite el divorcio de inmediato, Dios pone un valor mucho mayor sobre el matrimonio que el mundo lo hace.

Una vez separados, el abusador tiene la responsabilidad de pedir ayuda. En primer lugar y ante todo, él debe buscar a Dios. "Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá." (Mateo 7:8). Nadie tiene más poder que Dios para sanar a las personas y las relaciones. Él debe ser el Señor de nuestras vidas, el Dueño de nuestros recursos y la Cabeza de nuestros hogares.

Ambos, marido y mujer deben comprometerse a Dios y luego desarrollar una relación con Él a través de Su Hijo, Jesucristo. "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." (Juan 17:3). Esto debe ser acompañado de consejería cristiana intensiva – primero individualmente, luego como pareja, e incluso para toda la familia, si es necesario.

Durante este tiempo, la mujer debe comunicar a su marido de su amor incondicional y apoyo, y dedicarse a mucha oración. Aunque el esfuerzo debe ser hecho por parte de su esposo para hacer los cambios, ella no debe perder la esperanza si él es resistente al principio. Sin embargo, si él ni siquiera toma el primer paso, ella no debe considerar volver a él hasta que él lo haga.

El cónyuge maltratado no debe regresar a casa hasta que un consejero cristiano capacitado decide que la familia estará a salvo en el mismo hogar que el ex abusador. Juntos, la pareja debería comprometerse a servir y obedecer a Dios. Ellos deberían pasar tiempo individual con Dios todos los días, asistir a una iglesia de sana doctrina, empezar a servir a Dios en un ministerio y participar en pequeños grupos de estudio bíblico que se ajustan a sus necesidades. "Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!" (2 Corintios 5:17).

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