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Pregunta: "¿Enseña la Biblia sobre el pecado mortal y venial?"

Respuesta:
La Iglesia Católica Romana clasifica el pecado en dos categorías, el pecado mortal y el pecado venial. El asunto del pecado como la Biblia enseña, es uno de los aspectos más fundamentales para entender la vida con Dios y lo que significa conocerlo a Él. Mientras caminamos a través de esta vida, debemos saber cómo responder bíblicamente a nuestro propio pecado y las manifestaciones de la pecaminosidad de la raza humana con que nos encontramos momento a momento, y día con día. Las consecuencias de no tener una comprensión bíblica del pecado, o el no responder al pecado de acuerdo a ello, son devastadoras y más allá de las palabras. Un entendimiento incorrecto del pecado puede resultar en una eternidad separados de Dios en el Infierno. Pero ¡alabado sea el glorioso Nombre de nuestro Dios y Salvador Jesucristo! En Su Santa Palabra, Dios ha mostrado plenamente lo que es el pecado, cómo nos afecta personalmente, y lo que es una respuesta apropiada a él. Sin embargo, mientras tratamos de comprender el concepto del pecado mortal y venial, busquemos la respuesta final en la toda suficiente Palabra de Dios.

A fin de conocer si la Biblia enseña los conceptos del pecado mortal y el pecado venial, nos serán de ayuda algunas descripciones básicas. Los conceptos del pecado mortal y el pecado venial, son esencialmente Católicos Romanos. Los Cristianos Evangélicos y Protestantes pueden o no estar familiarizados con estos términos. Trabajando en las definiciones de los pecados mortales y veniales éstas pueden ser: El Pecado Mortal es un “pecado que causa la muerte espiritual”, y el Pecado Venial es el “pecado que puede ser perdonado”. El pecado venial es invariablemente utilizado en contraste con el pecado mortal. Los pecados mortales son aquellos pecados que excluyen a la gente del reino; los pecados veniales son aquellos pecados que no excluyen a la gente de él. El pecado venial difiere del pecado mortal en el castigo que acarrea. El pecado venial amerita un castigo temporal que es expiado por confesión o por las llamas del Purgatorio, mientras que el pecado mortal amerita la muerte eterna.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, encontramos esta descripción del pecado mortal, “Para que un pecado sea mortal, se requieren tres condiciones: ‘Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave, y que, además es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento” De acuerdo con el Catecismo, “la materia grave es precisada por los Diez Mandamientos....” El Catecismo establece más adelante que el pecado mortal “resulta en la pérdida de caridad y privación de la gracia santificante, esto es, del estado de gracia. Si no es redimido por arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del reino de Cristo y la muerte eterna en el infierno...”

Con respecto al pecado venial, el Catecismo declara lo siguiente: “Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento. El pecado venial debilita la caridad; entraña un afecto desordenado a bienes creados; impide el progreso del alma en el ejercicio de las virtudes y la práctica del bien moral; merece penas temporales. El pecado venial deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal No obstante, el pecado venial no nos hace contrarios a la voluntad y la amistad divinas; no rompe la Alianza con Dios. Es humanamente reparable con la gracia de Dios. ‘No priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por tanto, de la bienaventuranza eterna.”

Bíblicamente, los conceptos de pecado mortal y venial presentan muchos problemas: Antes que nada, estos conceptos presentan una cuadro no bíblico de cómo ve Dios el pecado. La Biblia establece que Dios será justo en Su castigo del pecado y que en el día del juicio algún pecado ameritará mayor castigo que otros (Mateo 11:22, 24; Lucas 10:12, 14). Pero el hecho que uno deba mantener en mente, es que todos los pecados serán castigados por Dios. La Biblia enseña que todos nosotros pecamos (Romanos 3:23) y que el justo pago por el pecado es la muerte eterna (Romanos 6:23). Sobre y contra los conceptos del pecado mortal y venial, la Biblia no dice que algunos pecados son dignos de la muerte eterna mientras que otros no lo son. Todos los pecados son pecados mortales, en que aún un pecado hace al ofensor merecedor de la eterna separación de Dios.

El apóstol Santiago articula este hecho en su carta (Santiago 2:10), “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.” Nótese el uso de la palabra “ofendiere en un punto”. Significa hacer un error o caer en un error. Santiago está pintando un cuadro de una persona que está tratando de hacer lo correcto y sin embargo, quizá sin intención, comete un pecado. ¿Cuál es la consecuencia? Dios, a través de Su siervo Santiago, declara que cuando una persona comete un pecado aún sin intención, es culpable de quebrantar toda la ley. Una buena ilustración de este hecho es imaginarnos una gran ventana y suponer que esa ventana sea la ley de Dios. No importa si una persona avienta un pequeño guijarro a través de la ventana o muchas grandes rocas. El resultado es el mismo... la ventana está rota. De la misma manera, no importa si una persona comete un pequeño pecado o muchos grandes. El resultado es el mismo.... la persona es culpable de quebrantar la ley de Dios. Y el Señor declara que Él no dejará sin castigo al culpable (Nahum 1:3)

Secundariamente, estos conceptos presentan un cuadro anti-bíblico del pago de Dios por el pecado. En ambos casos, tanto en el pecado mortal como el venial, el perdón de la trasgresión hecha, depende de que el ofensor haga una restitución de algún tipo. En el Catolicismo Romano, esta restitución puede tener la forma de llevarlo a confesión, rezar ciertas oraciones, recibir la Eucaristía, u otro ritual de algún tipo. El pensamiento básico es que a fin de que el perdón de Cristo sea aplicado al ofensor, el ofensor debe efectuar algún trabajo y entonces el pecado está garantizado. El pago y el perdón de la trasgresión dependen de las acciones del ofensor.

¿Es esto lo que la Biblia enseña respecto al pago por el pecado? La Biblia enseña claramente que el pago por el pecado no se encuentra en o se basa en las acciones del pecador. Considera las palabras de 1 Pedro 3:18, “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;...” Toma nota de la redacción “Cristo padeció una sola vez por los pecados....” Este pasaje enseña que para la persona que ha creído en Jesucristo, todos sus pecados han sido perdonados en la cruz.... Cristo murió por todos ellos. Esto incluye los pecados que el creyente haya cometido antes de su salvación, en su actualidad y los que cometerá después de la salvación.

Colosenses 2:13 y 14 confirma este hecho, “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, (Dios) os dio vida juntamente con él (Cristo), perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.” Dios ha “..perdonado todos nuestros pecados...” No solo los pecados del pasado, sino todos ellos. Ellos han sido clavados en la cruz y quitados de en medio. Cuando Jesús dijo en la cruz, “Consumado es” (Juan 19:30), Él estaba declarando que Él había cumplido con todo lo que era necesario para garantizar el perdón y la vida eterna a aquellos que creyeran en Él. Esto es por lo que Jesús dice en Juan 3:18 “El que en Él (Jesús) cree, no es condenado....” Pablo menciona este hecho en Romanos 8:1, “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús...” ¿Por qué no son juzgados los creyentes? ¿Por qué no hay condenación para los que están en Cristo Jesús? Es porque la muerte de Cristo satisfizo la justa ira de Dios contra el pecado (1 Juan 4) y ahora aquellos que confían en Cristo, no llevarán el castigo de ese pecado.

Considerando que los conceptos del pecado mortal y venial colocan la responsabilidad de ganar el perdón de Dios por la trasgresión hecha, en las manos del ofensor; la Biblia enseña que todos los pecados de un creyente son perdonados en la cruz de Cristo. La Biblia enseña por palabra (Gálatas 6:7 y 8) y ejemplo (2 Samuel 11-20) que cuando un cristiano se involucra en el pecado, él o ella pueden cosechar temporal, física, emocional, mental y/o espiritualmente sus consecuencias. Pero que el creyente nunca tiene que readquirir el perdón de Dios debido a su pecado personal, porque la Palabra de Dios declara que la ira de Dios hacia el pecado de los creyentes fue satisfecha completamente en la cruz.

En tercer lugar, estos conceptos presentan un cuadro anti-bíblico sobre la manera en que Dios trata con Sus hijos. Claramente, de acuerdo con al Catolicismo Romano, una de las consecuencias de cometer un pecado mortal es que el ofensor es privado de la vida eterna. Asimismo, de acuerdo con este concepto, Dios le otorgará nuevamente la vida eterna a través del arrepentimiento y las buenas obras.

¿Enseña la Biblia que una persona que ha sido verdaderamente salvada por Dios a través de Cristo puede perder su salvación y recobrarla? Está claro que no se enseña esto. Una vez que una persona ha puesto su fe en Cristo para el perdón de los pecados y la vida eterna, la Biblia enseña que esa persona está eternamente segura... ella no puede perderse. Considera las palabras de Jesús en Juan 10:27-28, “Mis ovejas oyen Mi voz, y Yo las conozco, y Me siguen, y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano.” Considera también las palabras de Pablo en Romanos 8:38-39, “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Al reflejar retrospectivamente el hecho de la total satisfacción de la ira de Dios hacia nuestro pecado en la muerte de Cristo, nuestros pecados no pueden separarnos del amor de Dios. En amor, Dios eligió tomar la muerte de Cristo como pago por los pecados del creyente y no los guardó contra el creyente. Así que, cuando el creyente comete pecado, el perdón de Dios en Cristo está siempre presente y, aunque el creyente pueda experimentar las consecuencias auto-infligidas por su pecado, el retiro del amor de Dios y su perdón jamás estarán en juego. En Romanos 7:14-25, Pablo establece claramente que el creyente batallará con el pecado a través de toda su existencia terrenal, pero que Cristo nos salvará de este cuerpo de muerte. Y “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús...” (Romanos 8:1) Considerando el concepto del pecado mortal que enseña que una persona puede perder su salvación a través del pecado personal, la Biblia enseña que el amor y el favor de Dios nunca será quitado de Sus hijos.

La gracia de Dios no solo redime al creyente de cada acción ilícita, sino también guía al creyente hacia una vida santa y hace al creyente celoso de buenas obras. Esto no significa que el creyente nunca peque; sino que su pasión será el honrar a Dios por la gracia de Dios que trabaja en su vida. Aunque a veces un creyente pueda tambalearse y caer en pecado, y quizá aún de una manera seria, el camino en general y la dirección de su vida será el de la santidad y la pasión por Dios y Su gloria. Si uno sigue los conceptos del pecado mortal y venial, él o ella pueden ser engañados al ver el pecado con una actitud frívola, pensando que él o ella pueden pecar y simplemente buscar el perdón de Dios al punto del deseo personal. La Biblia nos instruye de que el verdadero creyente nunca verá el pecado como algo ligero o sin importancia, y se esforzará, en la fuerza de la gracia de Dios, para vivir una vida santa.

Basándonos en la anterior verdad bíblica, el concepto del pecado mortal y venial no es bíblico y debe ser rechazado como representación de la visión que Dios tiene del pecado y Su solución para él. en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, el problema de nuestro pecado está completamente solucionado y necesitamos mirar no más allá de la increíble demostración del amor de Dios por nosotros. Nuestro perdón y justa posición ante Dios, no depende de nosotros, nuestras caídas, o nuestra fidelidad. El verdadero creyente debe fijar sus ojos en Jesús y vivir a la luz de todo lo que Él ha realizado a favor nuestro. ¡El amor y la gracia de Dios son verdaderamente asombrosos! ¡Vivamos en la luz de la vida que tenemos en Cristo! Que a través del poder del Espíritu Santo, podamos salir victoriosos sobre todo el pecado, ya sea “mortal”, “venial”, intencional o no.

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