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Pregunta

¿Qué enseña Deuteronomio 24 sobre el divorcio?

Respuesta


Deuteronomio 24:1-4 trata de la Ley Mosaica relativa al divorcio en el antiguo Israel. A continuación se presentan algunos comentarios sobre este pasaje:

En primer lugar, para que se concediera el divorcio, tenía que haber un problema relacionado con la "indecencia". El versículo 1 dice: "si sucede que no le es agradable[a] porque ha encontrado algo reprochable en ella..." (NBLA). La frase hebrea que se utiliza aquí se refiere generalmente a la indecencia sexual, como el adulterio (Levítico 18:6-18) o la exhibición indecente (Deuteronomio 23:14). Los líderes judíos debatirían durante mucho tiempo lo que se consideraba "indecente", pero la redacción original se refería claramente al comportamiento sexual indecente. En este caso, el adulterio no puede ser la "indecencia", pues ese pecado conllevaba la pena de muerte.

En segundo lugar, se exigía un certificado formal de divorcio: "le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa" (versículo 1). Un marido no podía limitarse a expresar su deseo de divorciarse y seguir adelante con su vida. Se le exigía un certificado legal escrito, que habría requerido testigos del hecho.

En tercer lugar, la pareja divorciada ya no debía vivir junta: el marido "la despide de su casa" (versículo 1). Vivir juntos como pareja de hecho no era aceptable, y una pareja divorciada se consideraba no casada.

En cuarto lugar, la mujer divorciada podía volver a casarse con otro hombre: "ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre" (versículo 2). El texto no enseña explícitamente que la mujer deba volver a casarse, pero tampoco prohíbe que una mujer divorciada lo haga. En aquella sociedad, una mujer soltera no habría tenido más opciones que buscar otro marido o volver a la casa de su padre.

En quinto lugar, el cónyuge divorciado no podía volver a casarse más tarde con la primera pareja, si ésta se había vuelto a casar: "al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer" (versículo 4).

Las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre el divorcio arrojan luz sobre este tema. Jesús recordó a los líderes religiosos que Dios nunca quiso el divorcio: "Por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio" (Mateo 19:8, NBLA). El "principio" se refiere a Adán y Eva como un hombre y una mujer en matrimonio para toda la vida: el diseño original de Dios.

Jesús también enseñó que la inmoralidad sexual era una razón legítima para el divorcio: "Yo les digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio" (Mateo 5:31, NBLA). El apóstol Pablo añadió: "la mujer no debe dejar al marido. Pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se reconcilie con su marido, y que el marido no abandone a su mujer" (1 Corintios 7:10-11, NBLA). También se da otra instrucción a los cristianos con un cónyuge incrédulo: "si el que no es creyente se separa, que se separe. En tales casos el hermano o la hermana no están obligados" (1 Corintios 7:15, NBLA).

Aunque el divorcio no formaba parte del plan original de Dios para el matrimonio, la humanidad pecadora lo exigía, y la Ley mosaica contemplaba las ocasiones en que estaba permitido. Jesús y las enseñanzas del Nuevo Testamento afirman la intención original del matrimonio como una relación para toda la vida entre un hombre y una mujer, al tiempo que especifican ocasiones limitadas en las que el divorcio es aceptable.

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