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Pregunta

¿Quiere Dios que seamos felices?

Respuesta


La felicidad es una emoción que surge de la convicción interior de que todo está bien en nuestro mundo. Es una sensación de bienestar, alegría o satisfacción. Todo el mundo quiere ser feliz, pero la felicidad, como objetivo último, puede ser difícil de alcanzar. Las personas pueden tomar decisiones basándose en lo que creen que les hará felices, pero luego se desesperan cuando la felicidad nunca llega. Las personas que asumen que Dios quiere que sean felices pueden justificar actividades claramente prohibidas en la Biblia argumentando que tales elecciones son necesarias para la felicidad. Pero, ¿es nuestra felicidad personal el principal objetivo de Dios para nosotros? ¿Quiere Él que seamos felices?

Dios nos creó a Su imagen y semejanza, y es Su designio el que crea nuestro deseo innato de ser felices. Sabemos que la felicidad es posible porque Dios es feliz, y nosotros somos como Él. Cuando Dios creó al primer hombre y a la primera mujer, los colocó en un jardín y lo llenó de todo lo que necesitaban para ser felices (Génesis 1:29-30; 2:8-9). Pero cayeron en la mentira de que la felicidad dependía de tener todo lo que querían (Génesis 3:1-6). Al no reconocer a Dios como su fuente de felicidad, pecaron y fueron expulsados del Jardín del Edén (Génesis 3:23-24). Desde entonces, la humanidad ha luchado por recuperar la sensación de felicidad que Adán y Eva experimentaron en presencia de Dios.

Dios quiere que seamos felices, pero no a cualquier precio. Sus objetivos para nosotros son más elevados, más amplios y más duraderos que la felicidad efímera (Isaías 55:9). De hecho, la búsqueda de la felicidad no es un tema del Nuevo Testamento. En cambio, encontramos repetidos mandatos de negarse a sí mismo (Marcos 8:34), tomar una cruz (Lucas 9:23) y considerarse muerto al pecado (Romanos 6:6-7). Estas instrucciones pueden parecer contradictorias con la idea de que Dios quiere que seamos felices. ¿Cómo podemos ser felices si debemos elegir lo contrario de lo que deseamos?

Las leyes espirituales son tan reales como las leyes físicas, y existe una ley espiritual que rige la felicidad. El camino de Dios hacia la felicidad va en una dirección diferente del camino que elegiríamos naturalmente. Las acciones pecaminosas suelen tener su origen en una mentira fundamental: que seremos más felices si hacemos esto. Pero Dios dice: "¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores" (Salmo 1:1, NBLA). Dios se deleita en confundir a los sabios utilizando lo insensato para lograr Sus propósitos, lo débil para avergonzar a los fuertes y lo humilde y despreciado para engrandecer Su gloria (1 Corintios 1:27-28). El salmista dice que somos más felices cuando nos deleitamos en las promesas y los mandamientos de Dios (Salmo 112:1).

Dios quiere que seamos felices, pero la emoción temporal que proporciona el pecado no es la verdadera felicidad. El pecado puede producir sentimientos de felicidad mientras obtengamos lo que queremos. Perder los estribos produce una breve sensación de felicidad porque nos desahogamos. Pero las consecuencias -relaciones rotas y seres queridos heridos- no son felices (Proverbios 29:22). La inmoralidad sexual produce breves sentimientos de felicidad, pero su final -vergüenza, dolor, embarazo no deseado, alejarnos de Dios- no es feliz (1 Corintios 6:18). La búsqueda de dinero puede producir sentimientos de felicidad mientras la bolsa de valores esté en alza y los ladrones se mantengan alejados (Hebreos 13:5; Mateo 6:19; 1 Timoteo 6:10)-pero muchos que se sientan entronizados sobre montones de dinero dan fe de una sensación de vacío. El mundo está lleno de personas que persiguieron sus propios sueños, pero no son felices.

Agustín de Hipona afirmó con razón en su libro del siglo IV Confesiones, "Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que encuentra su descanso en ti". La verdad es que hay un "vacío en forma de Dios" en el corazón de cada persona, y ese vacío solo puede llenarlo Dios a través de Cristo, no ninguna cosa creada. La felicidad es un don de Dios que solo se puede conocer plenamente en una correcta relación con Él.

Dios quiere que seamos felices, y nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida y la piedad por medio de Cristo Jesús (2 Pedro 1:2). Él ha diseñado el corazón humano para experimentar su mayor éxtasis en la adoración, su más profunda satisfacción en el servicio, y su mayor amor a través del poder del Espíritu Santo. Cuando vivimos en comunión con Él, podemos esperar ser felices independientemente de nuestras circunstancias temporales (Filipenses 4:11-13). Nuestra meta es el premio que nos aguarda en la eternidad, por lo que podemos soportar las dificultades terrenales mientras permanecemos llenos de esperanza (2 Corintios 4:17). Cuando nuestro gozo y nuestra esperanza se basan en aquello que no nos puede ser arrebatado, hemos encontrado la verdadera felicidad, y Dios se complace.

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