Pregunta
¿Qué significa que la casa de oración se haya convertido en una cueva de ladrones?
Respuesta
Aproximadamente una semana antes de Su arresto y crucifixión, Jesús entró en el templo y lo vació de "todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas" (Mateo 21:12). Jesús se dirigió entonces a la multitud sorprendida: "Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" (versículo 13). El mismo incidente se registra en Marcos 11 y Lucas 19. Juan 2 registra acciones similares de Jesús al comienzo de Su ministerio.
Al hablar de "casa de oración" y "cueva de ladrones", Jesús citó dos pasajes del Tanaj. En Isaías 56:7, Dios dice: "Yo los traeré [a los extranjeros fieles] a Mi santo monte, y los alegraré en Mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre Mi altar; porque Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos" (NBLA). Dos veces en este versículo se llama al templo de Dios "casa de oración". El designio de Dios era que Su casa de Jerusalén fuera un lugar de reunión para adoradores de todas las naciones, un lugar donde las oraciones se elevaran como incienso desde los corazones de los fieles hasta la presencia del Dios vivo.
La frase cueva de ladrones procede de Jeremías 7:11, donde Dios dice: "¿Se ha convertido esta casa, que es llamada por Mi nombre, en cueva de ladrones delante de sus ojos? Yo mismo lo he visto, declara el Señor" (NBLA). El profeta Jeremías estaba reprendiendo a los jefes del templo por sus abusos. A pesar de que seguían cumpliendo las formalidades de su religión, oprimían a los necesitados y se apoderaban violentamente de lo que no era suyo. Sin embargo, Dios se dio cuenta de su farsa y prometió ocuparse de los ladrones de Su casa santificada.
Jesús toma estos dos versículos del Antiguo Testamento y los aplica a Su época. Un versículo estaba lleno de pureza y promesa: el templo de Dios sería una casa de oración acogedora. El otro versículo estaba lleno de convicción y advertencia: la gente había pervertido los rectos propósitos de Dios en su propio beneficio. En los atrios del templo se aprovechaban económicamente de la gente, la engañaban con tipos de cambio exorbitantes y la obligaban a comprar animales "aprobados por el templo" para el sacrificio, con el pretexto de que sus propios animales eran indignos. Jesús denunció tales prácticas codiciosas y puso fin físicamente a la corrupción. En Su justa indignación, citó a Isaías y Jeremías para demostrar que tenía justificación bíblica para Sus acciones. Lo que debería haber sido un santuario para los justos se había convertido en un refugio para los malvados, y el Hijo de Dios no lo iba a tolerar. El designio de Dios para el templo era que fuera una casa de oración, un lugar para reunirse con Dios y adorarle. Pero cuando Jesús entró en sus atrios, no encontró oración, sino avaricia, extorsión y opresión.
Siempre es bueno recordar el propósito del Señor para lo que hace. Ya se trate del templo, la iglesia, el matrimonio, la familia o la vida misma, debemos seguir el designio de Dios y procurar honrarle. Cualquier tergiversación o perversión del diseño de Dios con fines egoístas atraerá la ira justa del Señor.
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