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Pregunta

¿Cómo decido cuánto diezmar?

Respuesta


El apóstol Pablo enseñó con frecuencia a la Iglesia primitiva a dar. Jesús también enseñó a Sus discípulos a dar. Pero ni Pablo ni Jesús ni ningún otro pasaje del Nuevo Testamento obliga a los creyentes a diezmar. Diezmar es un requerimiento del Antiguo Testamento para Israel de proveer al Señor la décima parte de los ingresos (la palabra diezmo significa "décimo"). El Nuevo Testamento, aunque no exige una décima parte, presenta varios principios para ayudarnos a decidir cuánto dar al Señor.

El primer principio del Nuevo Testamento es dar regularmente, semanal o mensualmente, como Pablo instruyó a las iglesias de Corinto y Galacia (1 Corintios 16:1-2). Debemos dar como una parte regular de nuestra adoración corporativa. En la práctica, es más fácil dar pequeñas cantidades con más frecuencia que grandes sumas de una sola vez. Del mismo modo, la iglesia tiene necesidades y obligaciones financieras que requieren un apoyo semanal constante.

El segundo principio del Nuevo Testamento es dar en proporción a nuestros ingresos. Pablo enseñó a dar de acuerdo con nuestra prosperidad y según nuestras posibilidades (1 Corintios 16:2; 2 Corintios 8:2-3). Si hemos prosperado mucho, debemos dar una cantidad mayor. Y si solo hemos prosperado un poco, un regalo más pequeño es totalmente aceptable.

Además, el Nuevo Testamento enseña a los creyentes a dar con generosidad, e incluso a veces con sacrificio, pero no hasta el punto de la privación personal (Hechos 20:35; 2 Corintios 8:2-3, 8; Romanos 12:1; Filipenses 4:17-18). A los creyentes se les instruye a dar voluntariamente para satisfacer necesidades genuinas, con un corazón gozoso, y no por culpa o compulsión, simplemente para apaciguar una petición urgente (2 Corintios 8:4; 9:7; Filipenses 4:16). En otras palabras, dar debe ser fruto de nuestra libre elección. Cuando vemos a un creyente necesitado, especialmente a un ministro del Evangelio, debemos tratar de satisfacer esa necesidad si podemos (1 Corintios 9:14; 2 Corintios 8:12-14; Gálatas 6:6).

Según las Escrituras, nuestra mayor motivación para dar debe ser nuestro amor por los demás. Así como Jesucristo murió por los pecados de los demás, nosotros debemos dar de nosotros mismos por los demás (2 Corintios 8:8-9). Otra razón para dar es que Dios promete recompensarnos y bendecirnos cuando lo hacemos (2 Corintios 9:6; Lucas 6:38). "Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7).

Estos principios neotestamentarios de dar se centran en un factor clave: la relación del creyente con Dios. Decidir cuánto dar al Señor debería ser una cuestión de oración. A medida que buscamos conocer el corazón de Dios a través de una relación consistente con Él, descubriremos la voluntad del Señor en cuanto a cuánto dar. Puede ser el diezmo convencional, o puede ser alguna otra cantidad.

Los creyentes deben estar dispuestos a ofrecer al Señor lo que Él pida, ya sea el 1 por ciento, el 5 por ciento, el 10 por ciento o el 100 por ciento. A través de nuestro dar, el Señor madura nuestra fe y crece nuestra dependencia en Él. Se ha dicho que las ofrendas financieras no son la forma que tiene Dios de recaudar dinero, sino de desarrollar el carácter de Sus hijos.

Al reconocer todo lo que Jesucristo ha hecho por nosotros, querremos ofrecernos humilde y totalmente a Dios como sacrificios vivos de adoración a Él. Nuestras ofrendas fluirán libremente de corazones llenos de gratitud y deuda, sabiendo que todo lo que tenemos y todo lo que damos ya pertenece a Dios. No poseemos nada. Mientras que el diezmo puede ser un concepto del Antiguo Testamento, el requisito del Nuevo Testamento es la obediencia radical y total al Señor, que guía todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo nuestras ofrendas.

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