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Pregunta

¿Cómo puedo experimentar la verdadera intimidad con Dios?

Respuesta


La verdadera intimidad con Dios es algo que han buscado los cristianos desde que Cristo caminó sobre la tierra. Es natural que los cristianos anhelen experimentar la cercanía de una relación íntima con Dios. Sin embargo, la verdadera intimidad con Dios no es simplemente un sentimiento comparable a una relación romántica. Va mucho más allá de la emoción, llega hasta nuestra alma y se refleja en nuestras acciones. "Porque el hombre perverso es abominación para el Señor; pero Él es amigo íntimo de los rectos" (Proverbios 3:32, NBLA). Dios no puede tener intimidad con el mal ni con los cristianos desobedientes. La verdadera intimidad con Dios empieza por acercarse a Él.

Dios nunca se acercará a quienes no se acerquen a Él, y la forma en que nos "acercamos" es mediante la rectitud. "Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones" (Santiago 4:8). Ciertamente, Dios nunca se acercará en intimidad a los injustos, pero los que han sido limpiados por la sangre de Cristo y han recibido Su justicia en la cruz (2 Corintios 5:21) tienen la esperanza de intimar con Dios. De hecho, sólo los que han sido salvados por gracia mediante la fe (Efesios 2:8-9) tienen esa esperanza, porque Cristo es la esperanza por la que nos acercamos a Dios (Hebreos 7:19).

Jesús es, de hecho, el modelo de intimidad con Dios, porque Él y el Padre son uno (Juan 10:30), y ninguna relación puede ser más estrecha que esa unidad con el Padre que experimentó Jesús. Su relación con el Padre se caracterizó por el amor y la obediencia. Por amor, Jesús vino a la Tierra para hacer la voluntad de Su Padre. No hizo nada por Su cuenta, sino que en todo hizo la voluntad de Su Padre (Juan 5:30). Esto fue más evidente en el Huerto de Getsemaní la noche anterior a Su crucifixión. Sufriendo la agonía de anticipar lo que estaba por venir, Jesús pidió que se apartara de Él el destino que estaba a punto de sufrir, pero terminó la súplica diciendo: "Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42). Aquí vemos un ejemplo perfecto de verdadera intimidad reflejada en la obediencia, pues Jesús sometió Su voluntad a la de Su Padre.

Si esperamos alcanzar la verdadera intimidad con Dios, Jesús debe ser nuestro modelo. Amamos a Dios porque Él nos amó primero (1 Juan 4:10), y demostramos nuestro amor por Él obedeciéndole. Jesús dijo a Sus seguidores: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). Cuando Le obedecemos y guardamos lo que nos ha mandado, prometió que permaneceremos en Su amor, igual que Él permanece en el amor del Padre haciendo la voluntad del Padre (Juan 15:10). Sólo puede haber intimidad con Dios cuando estamos en buena comunión con Él mediante la obediencia. Entonces podremos conocer el gozo y la paz que provienen de confiar en Él y someternos a Su voluntad, tal como hizo Jesús.

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